Érase un agricultor francés que volvió a su casa y, como de costumbre, encontró a su mujer en la cama con el chocho bien dilatado y chorreando semen ajeno. La mujer, llorando como un petit gâteau, usó la misma excusa de siempre y dijo que un camionero español la había violado, así que, con un par de cojones, nuestro amigo L'agriculteur salió hacia la autovía más próxima dispuesto a apalear al primer carpetovetónico camionero que se encontrara. Cuando volvió a casa, como de costumbre, encontró a su mujer en la cama con el chocho bien dilatado y chorreando semen ajeno.



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